Paren la guerra contra Irán ¡ya!
El futuro de la civilización humana es lo que está en juego
Reunión #150 de la Coalición Internacional por la Paz
Viernes 17 de abril a las 11:00 am (H/Este de EU); 5:00 pm (H/del Centro de Europa)
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Enlace de ZOOM (coloca nombre completo y correo e.): --La interpretación al alemán, español, francés e inglés, es sólo por Zoom-- Por favor, invita y moviliza a tus amigos, colegas y organizaciones Ahora más que nunca es necesaria nuestra intervención en el mundo, eso está claro. Este viernes contaremos con la presencia de Helga Zepp-LaRouche, fundadora del Instituto Schiller; el Dr. Abdullah Al-Ahsan, estudioso del islám y profesor pakistaní de Civilización Comparada; Diane Sare, candidata independiente a la presidencia de Estados Unidos, además de otras personas. |
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Tenemos por ejemplo los comentarios en los últimos días de dos de las personalidades más sensatas, quienes señalan que las crisis en el mundo son consecuencia de un cambio histórico que se aleja del paradigma colonial moribundo en la historia de la humanidad.
El lunes 13 de abril, durante su visita a Argelia, el Papa León XIV señaló que “las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe muy bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos… No multiplicando incomprensiones y conflictos, sino respetando la dignidad de cada persona y dejándose conmover por el dolor ajeno, podrán convertirse en protagonistas de un nuevo rumbo de la historia, hoy más urgente que nunca, ante las continuas violaciones del derecho internacional y de las tendencias neocoloniales”.
Del mismo modo, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en una rueda de prensa en Pekín tras dos días de reuniones con el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, y el Presidente Xi Jinping, dijo que Rusia y China “están interesadas en frustrar los intentos abiertos de Occidente, incluidos Estados Unidos y Europa, de mantener o incluso renovar su hegemonía con la esperanza de que la experiencia de 500 años de controlar el mundo… pueda modernizarse y seguir utilizándose para seguir viviendo a costa de otros y someterlos a su voluntad”.
El propósito del viaje de Lavrov a Pekín no fue solo consultar y coordinar acciones con respecto a diversos focos de conflicto urgentes en el mundo, sino también preparar la próxima visita a China del Presidente Vladímir Putin, quien ha estado trabajando en una armonía cada vez más estrecha con su homólogo chino para estabilizar la economía mundial, el mercado energético y más allá. Xi Jinping, en declaraciones públicas durante su reunión con Lavrov el 15 de abril, destacó la importancia de reforzar la coordinación estratégica entre China y Rusia en medio de una situación internacional cambiante y turbulenta, e instó a que haya una cooperación más profunda para llevar el orden internacional hacia una dirección más justa y razonable.
Estos esfuerzos de diplomacia orientada al futuro, muestran un marcado contraste con la histeria instintiva procedente del gobierno de Trump, que sigue aferrándose a la mentalidad desquiciada de “la fuerza hace el derecho, al diablo con el derecho internacional”: El miércoles 15 de abril, Trump redobló su ataque contra el Papa León XIV; en la madrugada publicó: “¿Alguien podría decirle al Papa León que Irán ha matado al menos a 42.000 manifestantes inocentes y completamente desarmados en los últimos dos meses, y que es absolutamente inaceptable que Irán tenga una bomba nuclear?”. Por si eso no fuera lo suficientemente desquiciado, la noche anterior, el vicepresidente JD Vance, un político creado por Palantir, supuestamente católico, se atrevió a corregir la teología del Papa: “Si vas a opinar sobre cuestiones de teología, tienes que tener cuidado; tienes que asegurarte de que se basa en la verdad… Lo mejor sería que el Vaticano se ciñera a cuestiones de moralidad y dejara que el Presidente de Estados Unidos se ciñera a dictar la política pública estadounidense”, pontificó Vance.
Sin embargo, quizá la peor muestra de degeneración de Occidente provino del Senado de Estados Unidos, los representantes elegidos del pueblo estadounidense, que el 15 de abril renunció a su responsabilidad constitucional de declarar la guerra al rechazar una vez más una resolución de facultades de guerra para detener la guerra en Irán en una votación mayoritariamente partidista de 47 contra 52.
Si el destino de la civilización humana queda en manos de las élites occidentales, del sistema de la clase Epstein y de sus defensores, no hay duda de que nuestra especie podría muy bien encontrarse al borde del precipicio de una guerra nuclear, cuando ya sea demasiado tarde para detenerla. Pero si nosotros, todos los ciudadanos del mundo de buena voluntad, pensamos como estadistas, nos movilizaremos. Movilicémonos desde dentro y fuera de Estados Unidos para cortar el financiamiento a la guerra contra Irán: abrumemos al Congreso hasta que actúe. Únanse y ayuden a impulsar el diálogo de la Coalición Internacional por la Paz, cuya próxima reunión es el viernes 17 de abril.
Y piensen, junto a grandes estadistas como Lyndon LaRouche, qué tipo de nuevo sistema, de seguridad, desarrollo y cultural, necesitará la humanidad a medida que superemos la condición primitiva de tolerar el colonialismo. LaRouche marcó el rumbo a seguir en un escrito de 2004 titulado “¿Qué hace la cultura?”:
“Hemos llegado a un momento en el desarrollo de la humanidad en el que el principio del Tratado de Westfalia de 1648 debe aplicarse de manera congruente con el fin de establecer un orden mundial basado en una comunidad de repúblicas Estados nacionales perfectamente soberanas, todas y cada una de ellas comprometidas con el principio rector de ‘el provecho del prójimo’… El imperio, bajo cualquier forma y por parte de quien sea, es una expresión de la más letal de las enfermedades morales infantiles de la humanidad. El interés propio esencial de cualquier persona, y de cualquier nación, no es lo que él o ella obtiene de la vida, sino lo que su talento desarrollado aporta a la humanidad en general. Todos y cada uno de nosotros nacemos, y sin duda moriremos, tarde o temprano. Seamos, por tanto, sabios; no esperemos conservar lo que muere con nosotros, en ningún caso, sino atesoremos aquello que perdura después, en especial lo que ha llegado a existir porque hemos vivido”.
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