Razón, inmortalidad
y el rechazo a ser pequeño

 
   

--La interpretación al alemán, español, francés e inglés, es sólo por Zoom--

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Acompáñanos en la Coalición Internacional por la Paz (CIP) de esta semana cuando tendremos como ponentes a 𝗛𝗲𝗹𝗴𝗮 𝗭𝗲𝗽𝗽-𝗟𝗮𝗥𝗼𝘂𝗰𝗵𝗲, fundadora del Instituto Schiller e iniciadora de la CIP; 𝗥𝗮𝗰𝗵𝗲𝗹 𝗖𝗹𝗮𝗿𝗸, intérprete, consultora y coordinadora internacional entre Japón y Estados Unidos; 𝗟𝗮𝗿𝗿𝘆 𝗝𝗼𝗵𝗻𝘀𝗼𝗻, ex funcionario de inteligencia de la CIA y miembro de Veteranos Profesionales de la Inteligencia por la Cordura (VIPS)

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Cuando se imponen sanciones sin juicio, se cierran cuentas bancarias sin explicación y se trata el discurso político como un peligro público, la cuestión ya no es tal o cual disputa política. Se trata de si se permitirá que funcione la razón. Las ideas, que parecen no tener fuerza física, pero que pueden mover montañas, acabar con imperios y crear campos en la ciencia completamente nuevos; porque la mente humana es capaz de descubrir los principios que rigen el universo. Esa coherencia entre el pensamiento creativo humano y la realidad de nuestro universo en desarrollo es la verdadera fuente de poder.

Una sociedad que ataca esta facultad no puede sobrevivir mucho tiempo. No se puede defender la democracia declarando que el simple hecho de escuchar las palabras de un candidato político puede causar "graves daños", ni alegar que se tiene devoción por la libertad de expresión mientras se impone la obediencia ideológica mediante prohibiciones de viaje, sanciones y exclusión financiera. Tales medidas no son una muestra de fuerza; son un reconocimiento de bancarrota intelectual.

Lo que estamos presenciando, especialmente en Europa, va más allá de la hipocresía. Demuestra la ausencia de un propósito moral. Los funcionarios que denuncian las restricciones que se les imponen respaldan alegremente sanciones mucho más severas contra periodistas, jueces, funcionarios de la ONU y opositores políticos. El cierre de cuentas bancarias en Alemania pertenecientes a partidos y periodistas no es una cuestión técnica. Anuncia que la participación en la vida cívica depende ahora de tener los pensamientos "correctos".

Esta es precisamente la degeneración a la que se refería Lyndon LaRouche cuando hablaba de la inmortalidad, no como la preservación del cuerpo, sino como la medida de una vida vivida para el futuro de la humanidad:

"Todos los grandes líderes tienen el compromiso con la inmortalidad. No la inmortalidad en el sentido de la carne, sino decir: solo tengo una vida, ¿cómo voy a utilizar lo que de todos modos es limitado?... Mejoramos la sociedad; por lo tanto, alcanzo un cierto tipo de inmortalidad".

Contrastó esta perspectiva con la mentalidad predominante en la política moderna:

"El político típico carece de eso. Quiere su satisfacción, ahora. Quiere el éxito de su facción partidista. Quiere el bien para su nación, pero quiere tenerlo sin tener que renunciar a su éxito".

LaRouche identificó el peligro más profundo, el de la disminución del espíritu humano mismo:

"Cómo esperas que la gente, que está atada a sus preocupaciones por los intereses inmediatos de su familia, sus inseguridades, sus preocupaciones por esto y aquello, sus problemas de ingresos; ¿cómo esperas que salga de su pequeñez, si los líderes de la sociedad actúan como gente pequeña? ¿Actúan como pequeños maniquíes?".

Frente a esta pequeñez moral, planteó una norma más elevada:

"Lo que se necesita son verdaderos héroes. No héroes de la espada, sino héroes del espíritu. Se necesita una combinación de valor, como el de Juana de Arco, pero también se necesita la sabiduría que lo acompaña, la sabiduría del alma".

La reunión del 26 de diciembre de la Coalición Internacional por la Paz debe entenderse desde esta perspectiva. Encarna el rechazo a aceptar un mundo gobernado por el miedo, por las sanciones, por la censura y por la guerra permanente. En un momento de la historia en el que la escalada militar se normaliza, en el que el estrangulamiento económico es solo una forma de diplomacia y que los avances científicos, como la fusión láser, coexisten con los llamados a un conflicto sin fin, la pregunta es si la razón volverá a guiar la política.

La inmortalidad, en este sentido, no es una cuestión filosófica abstracta.

Es la medida práctica de si los líderes y los ciudadanos por igual actúan en beneficio de generaciones que nunca conocerán. Una civilización que suprime la razón elige morir en el presente. Una civilización que cultiva la razón, elige vivir en el futuro.

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