Hiroshima y Gaza — ¡Nunca más!

   

--La interpretación al alemán, español, francés e inglés, es sólo por Zoom--

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En el aniversario de los bombardeos atómicos a Hiroshima y a Nagasaki, rendimos honor a quienes perdieron la vida a consecuencia de ellos y exigimos que nunca suceda una guerra nuclear y el genocidio no vuelva a cometerse nunca más. No debe haber una sola vida humana que se pierda a manos de la violencia y el odio descabellados. Congregamos a nuestras fuerzas por la paz para unificar el esfuerzo por esta causa. Acompáñanos este viernes 8 de agosto cuando estarán como ponentes, entre otros, Scott Ritter, ex inspector de armas de la ONU y ex oficial de inteligencia de la Infantería de Marina de EU; Ray McGovern, ex analista de la CIA y cofundador de Veteranos Profesionales de la Inteligencia por la Cordura (VIPS); Anthony Aguilar, teniente coronel (retirado) de las Fuerzas Especiales del Ejército de EU; Steve Starr, director retirado del Programa de Ciencias de Laboratorio Clínico de la Universidad de Missouri y destacado experto en guerra nuclear, y Eduardo Siqueira, profesor jubilado de Salud Pública de la Universidad de Massachusetts, Boston.

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El 6 de agosto, hace exactamente 80 años, la aeronave Enola Gay lanzó la primera bomba nuclear utilizada en una guerra sobre la densamente poblada ciudad de Hiroshima, Japón. Tres días después, lanzó una segunda bomba nuclear sobre Nagasaki. Murieron varios cientos de miles de personas. En su artículo de 1994“¿Cómo se volvió malvado Bertrand Russell?”, escrito en respuesta a un acalorado debate que se dio cuando se acercaba al 50º aniversario de ese fatídico día sobre una exposición del museo Smithsonian sobre el Enola Gay y sobre si los bombardeos fueron necesarios, LaRouche escribió:

“¿Por qué el gobierno de Estados Unidos lanzó las dos únicas armas de fisión nuclear de su arsenal sobre esos dos centros poblados prácticamente indefensos de Japón? El gobierno de Estados Unidos mintió cuando dijo que era necesario para salvar la vida de quizás un millón de soldados estadounidenses. Antes del lanzamiento de lo que rápidamente se caracterizó con tono de asombro como ‘la bomba’, el emperador de Japón ya estaba negociando la rendición con el gobierno de Truman, a través de canales del Vaticano, en los mismos términos en que se aceptó la rendición de Japón después del lanzamiento de las bombas”.

En ese momento se encontraban en Londres dos personajes importantes. Uno era importante por su malvado enfoque filosófico de la ciencia, que le llevó a creer que la población mundial debía ser exterminada mediante horribles enfermedades y guerras, y el otro, un terrible borracho, solo importante por el poderoso cargo que le permitía imponer la visión satánica del mundo del primero. El primero era Bertrand Russell, falsamente promocionado como un brillante “matemático y filósofo”, y el segundo era el Primer ministro británico Winston Churchill.

Ambos compartían la creencia, expresada como programa en la “Operación Impensable” de Churchill, de que debía lanzarse lo antes posible, incluso antes de la rendición japonesa, una “guerra total”, incluida una guerra nuclear preventiva contra Rusia, con el fin de establecer un nuevo orden en el que el sistema liberal imperial británico gobernara el mundo, con todas sus perversiones económicas, culturales, morales y militares.

De este modo, el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Japón no tuvo nada que ver con el fin de la guerra; fueron simplemente la primera salva de una nueva guerra más larga, que actualmente sigue su curso, si no se hace nada para alterarlo, hasta llegar a su horrible final. El final no será la destrucción de Rusia, como creen el ex Primer ministro británico Boris Johnson, algunos ilusos del Pentágono y congresistas dementes. El final será precisamente eso: el fin; el fin de toda o casi toda la vida en la Tierra, quizás durante siglos.

Por eso, esta semana en particular, vale la pena reflexionar sobre lo que ocurrió en Japón en ese fatídico día, hace 80 años, y recordar, como Tulsi Gabbard, a título personal y no oficial, trató de recordarnos después de visitar Hiroshima y ver las horribles imágenes de niños con la piel quemada, buscando desesperadamente alivio, que nadie sobrevivirá a una guerra así. Las armas nucleares actuales son mucho más letales que las utilizadas en 1945.

El 6 de agosto, la fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, tendrá un diálogo con la Dra. Akiko Mikamo, cuyo padre sobrevivió milagrosamente al bombardeo de Hiroshima y le transmitió la historia de las horas infernales que siguieron, así como su propio viaje hacia la reconciliación y el perdón, que se documentan en su libro 8:15 A True Story of Survival and Forgiveness from Hiroshima (8:15 Una verdadera historia de supervivencia y perdón desde Hiroshima).

El flanco del Rusiagate para impedir la guerra nuclear

La intención británica de provocar un enfrentamiento militar entre las dos principales superpotencias nucleares, Estados Unidos y Rusia, es el motivo por el cual se perpetró la patraña del Rusiagate contra el Presidente Donald Trump, antes y durante su primer mandato. La intención de esa mentira no solo fue “traidora”, como ha declarado la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard, sino que también impidió al Presidente Trump establecer relaciones diplomáticas normales con Rusia, lo que más tarde permitió al gobierno de Biden y a la OTAN provocar la operación militar especial rusa en Ucrania, haciendo caso omiso de los varios intentos de Putin de asegurar ciertos acuerdos que respetaran las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia, entre ellas que Rusia no tuviera un miembro de la OTAN con armas nucleares (Ucrania) en su frontera.

Con los últimos comentarios del Presidente Trump sobre la colocación de submarinos nucleares estadounidenses, que ya había propuesto Keith Kellogg en 2022, y el anuncio de Rusia como respuesta, de terminar su cumplimiento unilateral del antiguo Tratado INF (lo que significa que Rusia y la OTAN están entrando en una nueva carrera armamentística nuclear), la situación no podría ser más peligrosa.

El pomposo ex Primer ministro británico Boris Johnson, en su discurso del 4 de agosto en el Foro Ketagalan de Taiwán (Diálogo sobre la Seguridad en el Indo-Pacífico), elogió el cambio de política de Trump diciendo: “Creo que en la Casa Blanca de Trump se les han caído las vendas de los ojos con respecto a Putin. Y hay una posibilidad real de que en solo un par de días —el 8 de agosto, ¿no?— esos países, terceros países que han estado permitiendo la guerra de Putin al comprar sus hidrocarburos, India y China, se vean duramente golpeados por sanciones secundarias. Y, por supuesto, no creo que ninguno de esos países imaginara ni por un segundo, cuando comenzó esta guerra, que con el tiempo podrían sufrir ese tipo de castigo”, se regodeó BoJo.

En la tradición de Churchill y Russell, Johnson afirma con confianza que Rusia va a perder esta guerra. Dado que Rusia está ganando indiscutiblemente la guerra terrestre en Ucrania, o bien Johnson está loco, o bien cree que es posible un “ataque decapitador” contra Rusia, un ataque que desencadenaría la insuperable “Mano Muerta”, que se dispara al instante de que haya un ataque al Kremlin y todos los misiles rusos se lanzan automáticamente hacia Occidente. Como lo ha descrito Putin: “Todos moriremos, pero como no iniciamos los ataques, moriremos como mártires e iremos al cielo, todos los demás simplemente morirán”.

Ochenta años después de que comenzara esta guerra contra Rusia en Hiroshima y Nagasaki, debemos detenerla ya. El papel de Gran Bretaña en el ataque contra la presidencia en el Rusiagate, que ahora está revelando la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard, es un flanco importante que debe ser golpeado con fuerza. Por eso La Organización LaRouche ha publicado el informe “Worse than Treason: The Actual Motive Behind Russiagate” (Peor que la traición: el verdadero motivo detrás del Rusiagate).

Es útil que la fiscal general Pam Bondi convoque un gran jurado para investigar los delitos de los ex funcionarios y operativos de inteligencia del gobierno de Obama, pero no se trata de una cuestión partidista. La mentada “relación especial” entre Estados Unidos de América y el imperio británico debe romperse para siempre.

Imprima y distribuye el folleto en las redes sociales, llévalo a la oficina de tu congresista, a tu periódico local, a los campus universitarios y a cualquier otra institución que se te ocurra. El Presidente Trump tiene que reconocer que la “Gran Bretaña global” del rey Carlos es su mayor adversario y el de la humanidad, no Rusia.

Para mayor información escribe a [email protected]

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