Reunión #78 de la
Coalición Internacional por la Paz

   

Viernes 29 de noviembre de 2024


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Cuando Rusia disparó su nuevo misil balístico hipersónico de alcance intermedio el 21 de noviembre, destruyó un depósito de armas ucraniano en Dnipro; esto fue efectivamente un mensaje a Occidente de que Rusia no estaba jugando. El ataque se produjo después de que Estados Unidos, cuando menos desde el 17 de noviembre, levantara las restricciones sobre el uso de los misiles de largo alcance para atacar a Rusia desde Ucrania, con lo cual cruzaron la línea roja que ponía a Estados Unidos en conflicto directo y abierto con Rusia. El mensaje debería haber sido claro: una nueva escalada significa que todas las opciones están ahora sobre la mesa.

Pero la respuesta hasta ahora de las autoridades de Occidente parece ser: "Que se jodan". Ucrania (es decir, el Pentágono) lanzó otros dos ataques contra la región rusa de Kursk utilizando misiles ATACMS de largo alcance: uno contra un sistema ruso S-400 el sábado 23 de noviembre y otro contra un aeropuerto en la madrugada del lunes 25 de noviembre, que resultó en heridas al personal que se encontraba allí. El Ministerio de Defensa de Rusia informó sobre los hechos, y al final dejó un comentario escalofriante: "Se están preparando medidas de represalia".

Mientras tanto, las autoridades europeas de la OTAN también están dando señales de su intención de intensificar las provocaciones. El Consejo Ucrania-OTAN convocó una reunión de emergencia el martes 26 de noviembre, en la que prometieron que no dejarían que el Oreshnik “cambiara el curso del conflicto”. El día anterior, 25 de noviembre, se reunieron los ministros de Defensa europeos en Berlín para discutir la continuación de su apoyo militar a Ucrania, independientemente de cualquier cambio en el gobierno entrante de Trump. Entretanto, hay crecientes rumores sobre el despliegue de tropas de la OTAN en Ucrania, y la agencia  Bloomberg publicó un comentario según el cual el Reino Unido había enviado docenas de sus misiles Storm Shadow de largo alcance a Ucrania semanas antes, como en preparación para la actual ronda de ataques.

Esta intención la dejó bien clara el presidente del Comité Militar de la OTAN, el almirante Rob Bauer, quien anunció que la Alianza está pasando de ser una mera “alianza defensiva” para ser una alianza preparada para “disparar al arquero”, es decir, a Rusia. Con ese fin, Bauer afirmó que la OTAN está trabajando ahora para desarrollar capacidades de “ataque de precisión profunda”, lo que llevó al ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, a concluir que la OTAN está conversando abiertamente sobre el lanzamiento de ataques preventivos, y que “simplemente se ha dejado de lado toda decencia, y ya se están anunciando públicamente las verdaderas intenciones”.

Estos acontecimientos demuestran, más que nunca, que el mundo se encuentra en un punto en el que ya no existen barandillas de seguridad, e incluso el más mínimo paso en falso podría desencadenar una irreversible reacción en cadena de acontecimientos que conduciría rápidamente a un intercambio termonuclear. La OTAN se apresura ahora a apretar el gatillo final.

El problema de enfrentarse a Rusia de este modo, como reconocía Donald Trump en su debate de septiembre con Kamala Harris, cuando se le presionó sobre si quiere que Ucrania “gane”, es que: "Él [Putin] tiene una cosa que otros no tienen: tiene armas nucleares". Trump tiene razón, e incluso esta brizna de cordura es suficiente para que los halcones anglo-estadounidenses de la guerra quieran crear una situación en la que la paz sea imposible. Sin embargo, lo que Trump no ha mencionado ni propuesto hasta ahora es una solución real a la crisis. Esta cuestión se aborda en el informe recién publicado por el [Instituto Schiller, enfocado en cómo transformar lo que es una crisis mundial, el fin del "orden basado en reglas" imperante, en el nacimiento de una nueva era, en la que los Estados nacionales soberanos cooperen entre sí y se unan en la tarea del tipo de desarrollo económico común y beneficioso para todos.

Helga Zepp-LaRouche, fundadora del Instituto Schiller, señala en la introducción del informe: “Consideremos el potencial si Estados Unidos y Europa cooperaran con el BRICS, y con la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) de China, para desencadenar la industrialización impulsada por la ciencia en todo el mundo. Ya son 151 las naciones de todos los continentes que se han unido a la IFR... La manera obvia y fácil de superar el peligro de guerra y confrontación es convencer a los países del Occidente Colectivo, las naciones europeas y también Estados Unidos, de que abandonen la confrontación y adopten un modo de cooperación con esta creciente Mayoría Global”.

Este será el tema de la próxima conferencia del Instituto Schiller, los días 7 y 8 de diciembre, "En el espíritu de Schiller y Beethoven: ¡Todos los hombres volverán a ser hermanos!", que será un acto organizativo decisivo para aprovechar esta oportunidad histórica.  

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29 noviembre, 2024 a 11:00 -