EL BURÓ DE LOS MENTIROSOS

El buró de los mentirosos (PDF 2.72 MB)

Proemio

La Organización LaRouche (TLO, por sus siglas en inglés) publicó en Estados Unidos un informe especial titulado The Liars’ Bureau (El Buró de los mentirosos) en el que responde a la interrogante de “¿Quién quiere impedir las confirmaciones de Tulsi Gabbard, como Directora de Inteligencia Nacional, y de Kash Patel, como director del FBI, y qué tienen que esconder?". Lo que está en juego es hacer, o no, una limpia total de las agencias policiales y de espionaje de Estados Unidos, señaladas de perpetrar golpes de Estado, asesinatos y otros delitos, no solo en Estados Unidos sino prácticamente en todo el mundo. El informe especial de TLO arroja luz sobre toda esa red criminal denominada por algunos el “Estado profundo”.

Por su obvia importancia, el Instituto Schiller lo reproduce íntegro en español. Publicamos el informe especial luego de que la Comisión de Inteligencia del Senado de Estados Unidos aprobó el nombramiento de Tulsi Gabbard para Directora de Inteligencia Nacional, pero antes de su confirmación por parte del Senado en pleno.

4 de febrero de 2025.


 

Carta de presentación

A los miembros del Senado de Estados Unidos,

En los próximos días, se llevarán a cabo audiencias para confirmar las opciones del Presidente electo Donald Trump para puestos importantes dentro de su gobierno.

El ex director del FBI y de la CIA, William Webster, les ha escrito recientemente instándole a rechazar los nombramientos de Tulsi Gabbard para Directora de Inteligencia Nacional y de Kash Patel para Director del FBI. Claramente, dado que tiene 100 años, debe sentirse muy convencido de evitar estos nombramientos.

Como presidente de La Organización LaRouche y como ciudadana estadounidense que ha tenido familiares inmediatos desplegados en Iraq en el Ejército de Estados Unidos, les pediría que piensen profundamente en cómo les explicarían a los familiares de los casi 5,000 soldados estadounidenses que murieron en esa guerra, por qué murieron sus seres queridos. ¿Por qué sus colegas votaron para enviarlos a una guerra, que la ex presidente de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi admitió, años después, que no solo se basó en una mentira, sino que era una mentira que la "Banda de los Cuatro", incluida ella misma en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, sabía que era una mentira en el momento en que se dijo?

Mucha gente en la comunidad de inteligencia de Estados Unidos sabía en ese momento que se estaban diciendo mentiras para justificar una guerra que no solo mataría a miles de estadounidenses y cientos de miles de iraquíes, sino que cambiaría el panorama político en el Medio Oriente para las generaciones venideras, con el desplazamiento de millones de personas y la creación de un caldo de cultivo para organizaciones terroristas. Pero persistieron en estas mentiras, incluso redoblando la apuesta para proteger su falsa narrativa creando más guerras y haciendo mayor daño a la seguridad y reputación de Estados Unidos.

No solo mintieron sobre la posesión de "armas de destrucción masiva" de Iraq, sino que mintieron sobre Libia y, específicamente, sobre Bengasi. Mintieron sobre que el Presidente Assad de Siria utilizaba armas químicas. Mintieron sobre el hackeo ruso del servidor del Comité Nacional Demócrata y, se sintieron tan envalentonados por la falta de resistencia de nuestros augustos representantes (sus colegas), quienes deberían haber estado realizando audiencias e investigando el asunto, que 51 de estas personas incluso firmaron una carta pública diciendo que la verdadera computadora portátil de Hunter Biden era una estratagema rusa previo a las elecciones.

Así que, yo desafiaría a todos ustedes a que respondan: ¿Por qué demonios escucharían a cualquiera de estas personas, cuyas mentiras han matado literalmente a miles de estadounidenses, y han dañado irreparablemente o incluso terminado con la vida de millones de personas en todo el mundo, cuando se trata de seleccionar a un Director de Inteligencia Nacional o a un Director del Buró Federal de Investigaciones?

Tanto la ex congresista teniente coronel Tulsi Gabbard como el ex fiscal federal Kash Patel han tenido el valor de enfrentarse a la corriente de opinión pública manipulada, para cuestionar las narrativas que han demostrado ser muy dañinas para el bienestar de nuestro pueblo y nuestra república. Esto es lo que los califica a ambos para servir en los puestos para los que el presidente electo Donald Trump los ha postulado.

Una pronta confirmación de Tulsi Gabbard como Directora de Inteligencia Nacional y de Kash Patel como Director del FBI sería la respuesta apropiada al llanto y el crujir de dientes provenientes de personas que tienen mucho que ocultar. Estoy segura de que la mayoría de los estadounidenses están de acuerdo conmigo.

Atentamente,

Diane W. Sare

Presidente de The LaRouche Organization

14 de enero de 2025


 

Introducción

Sí, es verdaderamente cierto que la seguridad nacional de Estados Unidos está amenazada por diversas formas de intervenciones e intrigas maliciosas, pero el problema no se origina en Rusia, China, Irán, ni en ninguno de los “chicos malos” de la lista de los neoconservadores. La amenaza emana de agentes de larga data incrustados en lo profundo de la burocracia permanente del gobierno de Estados Unidos y de sus mentores en las agencias de inteligencia, fundaciones y grupos de expertos británicos. Estos individuos corruptos y sus patrocinadores han operado con impunidad durante décadas, porque dominan las mismas agencias que supuestamente defienden nuestra seguridad nacional. Ahora temen que se les exhiba, porque el Presidente entrante Trump ha nombrado a dos "forasteros" altamente calificados para supervisar y limpiar esas agencias. Esta es la razón por la que un "Buró de mentirosos", que vive principalmente en las entrañas de las 17 (o más) agencias de inteligencia estadounidenses, y sus engendros ilegales, criminales e incluso asesinos, ahora se moviliza bajo las órdenes de Londres y Wall Street para detener la confirmación de Tulsi Gabbard y Kash Patel. Como le advirtió el senador Chuck Schumer a Donald Trump: "¿Te enfrentas a la comunidad de inteligencia? Tienen seis formas desde el domingo para vengarse de ti".

Gabbard y Patel no están exentos de defectos, y nadie puede decir con certeza lo que harán una vez que asuman el cargo. Pero podemos decir con certeza quién teme a su escrutinio y por qué. En este informe, identificaremos cinco áreas específicas en las que existe una corrupción peligrosa y en las que se requiere urgentemente el liderazgo de Gabbard y Patel para erradicarla.

Índice

  1. El “Rusiagate” y la manipulación de los medios noticiosos
  2. La alianza neoconservadora con los terroristas
  3. Intromisión en las elecciones y la laptop de Hunter Biden
  4. Corrupción en el Departamento de Justicia
  5. La Guerra contra los denunciantes
  6. Conclusión: ¿Existe el “Estado profundo”?

 

I. El “Rusiagate” y la manipulación de los medios noticiosos

La Operación Ruiseñor, revisada

La última vez que se abrió una investigación seria sobre las actividades de la CIA, el FBI y las agencias relacionadas fue hace casi exactamente cincuenta años, el 27 de enero de 1975, con la formación de la Comisión Selecta del Senado de Estados Unidos para Estudiar las Operaciones Gubernamentales con Respecto a las Actividades de Inteligencia, más conocido como la Comisión Church, en honor a su presidente, el senador demócrata Frank Church, de Idaho. ¿Puede haber alguna duda de que Estados Unidos necesita ahora una nueva Comisión Church? La reciente sarta de mentiras del "Rusiagate", perpetrado por una combinación de fuerzas que sacaron a la luz un "expediente chimbo" suministrado por un ex agente de inteligencia británico, Christopher Steele, fue un asalto a la presidencia estadounidense, al pueblo estadounidense y al mundo. "Fue el mayor cuento de espionaje de la historia... Putin puso a un candidato manchuriano en la Casa Blanca, o fue la mentira más grande de la historia", fue la forma en que el periodista Matt Taibbi lo expresó el 5 de diciembre pasado.

Las audiencias la Comisión Church revelaron una impactante variedad de actividades encubiertas dirigidas, no a los adversarios de Estados Unidos, sino a sus propios ciudadanos. Una de estas actividades encubiertas fue la Operación Mockingbird (Ruiseñor), un proyecto de la CIA que reclutó a periodistas de alto perfil para que sirvieran de conductos para la propaganda de la agencia. En 1975, esto se consideraba escandaloso, pero hoy en día, la manipulación de la prensa por parte de estas agencias está completamente a la vista sin que el público se inmute.

Por ejemplo, el ex director de la CIA John Brennan y el ex director de Inteligencia Nacional James Clapper, quienes mintieron bajo juramento al Congreso de EU sobre las actividades ilegales de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), ahora ocupan puestos de alto perfil en las cadenas noticiosos de MSNBC y CNN respectivamente. Asha Rangappa, una ex agente especial del FBI especializada en investigaciones de contrainteligencia, es ahora comentarista en CNN. Ya no es necesario que las agencias encubiertas recluten furtivamente agentes de entre el cuerpo de prensa estadounidense: ellos, cada vez más, son la prensa estadounidense. La prensa que alguna vez fue libre, ejemplificada por unos pocos periodistas íntegros como Julian Assange, Glenn Greenwald, Seymour Hersh, Matt Taibbi y otros periodistas verdaderos, ha sido reemplazada en gran medida por "personas de agencia".

Preocupados de que la ciudadanía pueda recurrir a las redes sociales como fuente alternativa de noticias e información, también han tomado medidas para imponer la censura allí. En 2018, Facebook se trajo al grupo vehementemente neoconservador Atlantic Council y a la madre de todas las organizaciones de cambio de régimen, la National Endowment for Democracy (Fundación Nacional para la Democracia), como consultores para ayudar a decidir qué voces debían ser silenciadas. Para no quedarse atrás, Twitter contrató en 2019 a un oficial de medio tiempo de la unidad de guerra psicológica del Ejército británico como alto ejecutivo con responsabilidad editorial para Medio Oriente. Al año siguiente, Facebook subió la apuesta al contratar al ex director general del Ministerio de Justicia de Israel, especialista en censura, como miembro de su nueva "junta supervisora”. El periodista Matt Taibbi reveló que, a lo largo de 2020, el FBI supervisó esencialmente la política de censura de Twitter, con particular énfasis en tratar de legitimar las acusaciones sin pruebas de la injerencia extranjera en los asuntos internos de Estados Unidos, y en controlar la forma en que se permitía discutir la carrera presidencial de Estados Unidos. 

Kash Patel. Crédito: Gage Skidmore

Tanto Patel como Gabbard han experimentado relaciones duramente antagónicas con los medios corporativos. En el caso de Patel, los enfrentó por el engaño del "Rusiagate", y en un momento amenazó con "perseguir a las personas de los medios noticiosos que mintieron sobre los ciudadanos estadounidenses" si se descubría que habían violado la ley. Es un tributo al poder de la propaganda que, a pesar de las conclusiones inequívocas del Informe Mueller, muchos estadounidenses hoy en día todavía creen que hubo algún tipo de "colusión" entre Trump y el gobierno de Rusia, y políticos como Adam Schiff siguen hablando alegremente de ello como si fuera real.

Una respuesta reciente del FBI a una solicitud de la Ley de Libertad de Información de hace dos años, por parte del periodista Aaron Maté, plantea nuevas interrogantes sobre el papel del FBI en el asunto del Rusiagate. El documento de respuesta fue tachado casi en su totalidad, pero sí reveló que el subdirector del FBI, Andrew McCabe, abrió una investigación contra Trump, después de que asumió el cargo en 2017, debido a información "que indica razonablemente que el Presidente Donald Trump puede estar o ha estado, consciente o involuntariamente, involucrado en actividades para el gobierno ruso, o a nombre del gobierno ruso, que pueden constituir violaciones de la ley penal federal o amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos". Solo podemos adivinar cuál podría ser esa información, porque ha sido tachada. Como señala Matt Taibbi: "O el FBI tenía pruebas para iniciar una investigación de este tipo, lo que sería condenatorio para Trump, o no las tenía, lo que sería condenatorio para el FBI. ¿Cuál fue?” ¿Será Kash Patel quien dé una respuesta?

Liz Cheney: ¿Subcontratar las mentiras para salvar a la democracia?

En un comunicado de prensa del 15 de octubre de 2024 emitido por la Comisión de Administración de la Cámara de Representantes del Congreso de EU, se anunció que el presidente de la Subcomisión de Supervisión, Barry Loudermilk (del 11 distrito de Georgia), "obtuvo correspondencia nunca antes vista entre la vicepresidente de la Comisión Selecta Sobre el 6 de enero, Liz Cheney, y Cassidy Hutchinson". Hutchinson, fue un asistente de la Casa Blanca que se había desempeñado como asistente del jefe de gabinete Mark Meadows durante el primer gobierno de Trump; ella prestó un testimonio sensacionalista en las audiencias públicas del 28 de junio de 2022 organizadas por la Comisión Selecta de la Cámara de Representantes sobre las protestas del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos. El testimonio de Hutchinson fue en su momento ampliamente publicitado en los medios noticiosos estadounidenses.

“Un voto por Donald Trump es un voto contra la
Constitución”. Liz Cheney de pie junto con su padre, Dick.

Los nuevos textos revelan que Liz Cheney se comunicó con Hutchinson a través de una intermediaria, Farah Griffin, antes del testimonio, mientras Hutchinson todavía era objeto de la investigación de la Comisión Selecta y sin el conocimiento del abogado de Hutchinson, a pesar de que Cheney sabía que eso era totalmente poco ético. Después de esta "comunicación" subrepticia, Hutchinson cambió drásticamente su testimonio. "En su entrevista transcrita del 17 de mayo de 2022, Hutchinson testificó sobre una serie de relatos no corroboradas y no verificadas que se ajustan convenientemente a la narrativa de la Comisión Selecta, de que el Presidente Trump es peligroso y el único responsable de los sucesos del 6 de enero", dice el comunicado de prensa. "A pesar de haber testificado ya ante la Comisión Selecta dos veces [23 de febrero y 7 de marzo], Hutchinson nunca antes mencionó esta 'nueva información'". Después de esta tercera entrevista, Cheney comenzó a comunicarse directamente con Hutchinson. Hutchinson luego despidió a su abogado, Stefan Passantino, y contrató a los abogados recomendados por Cheney, quienes aceptaron representar a Hutchinson, pro bono (es decir, sin cobrar).

Tulsi Gabbard contra los neoconservadores

Tulsi Gabbard se ha enfrentado durante años con la prensa corporativa, desafiando estereotipos neoconservadores tan apreciados como la noción de que la invasión rusa de Ucrania fue "no provocada". Ha expresado su escepticismo sobre las campañas para diseñar confrontaciones militares con Irán, Siria y China. La respuesta del partido de la guerra ha sido infantilmente dura, con luminarias neoconservadoras como Hillary Clinton y John Bolton que sugieren que ella es una "pieza rusa". Es difícil para los "halcones gallinazos", sin hoja de servicio militar, difamar a Gabbard de manera convincente como una especie de traidora, siendo una veterana de combate que actualmente es teniente coronel en la Reserva del Ejército de EU. Sin embargo, eso no detiene a los medios noticiosos como Newsweek, AP, y los medios londinenses The Economist y Guardian para que repitan las insinuaciones. El 19 de junio de 2022, Gabbard dijo en un discurso ante la Cumbre Conservadora de Occidente: "Para proteger a nuestros seres queridos, para proteger a nuestros hijos, para proteger nuestro mundo —estamos hablando de una amenaza existencial— tenemos que hacer frente a estos políticos cobardes y belicistas que existen ahora en ambos partidos". ¿Está dispuesta a enfrentarse al "partido de la guerra" como Directora de Inteligencia Nacional del Presidente Trump? El Buró de los mentiros prefiere que ella no tenga esa oportunidad.

Los laboratorios biológicos ucranianos

El 13 de marzo de 2022, Tulsi Gabbard publicó lo siguiente en Twitter:

Hay 25+ laboratorios biológicos financiados por EU en Ucrania que, si se rompen, liberarían y propagarían patógenos mortales a EU y al mundo. Debemos tomar medidas ahora para prevenir el desastre. EU, Rusia, Ucrania, la OTAN, la ONU y la Unión Europea deben implementar un cese al fuego ahora alrededor de estos laboratorios hasta que estén asegurados y los patógenos destruidos.

Lo que siguió fue una espectacular muestra de rabia neoconservadora. El ex representante Adam Kinzinger, republicano por Illinois, dijo que Gabbard había adoptado una “verdadera propaganda rusa" y la calificó de "traidora". El senador Mitt Romney, republicano por Utah, dijo que Gabbard estaba "repitiendo como loro la propaganda rusa falsa".

Por extraño que parezca, la abeja reina neoconservadora Victoria Nuland había testificado seis días antes, en respuesta a una pregunta del senador Marco Rubio en audiencias ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, que "Ucrania tiene instalaciones de investigación biológica que, de hecho, ahora estamos bastante preocupados de que las tropas rusas, las fuerzas rusas, puedan estar tratando de obtener el control, por lo que estamos trabajando con los ucranianos sobre cómo podemos evitar que cualquiera de esos materiales de investigación caiga en manos de las fuerzas rusas en caso de que se acerquen". De alguna manera, la admisión de Nuland de que los laboratorios existían no se consideró ni "traidora" ni "falsa propaganda rusa", tal vez porque logró incluir algún "giro" antirruso. Ni Gabbard ni Nuland afirmaron que los laboratorios fueran para la investigación de armas, aunque los oponentes de Gabbard no dudaron en insinuar que ella lo había hecho. Con respecto a la afirmación de Gabbard de que los laboratorios estaban "financiados por Estados Unidos", apareció un artículo en el New York Post la semana siguiente, el 26 de marzo, con el título de “Hunter Biden helped secure funds for US biolab contractor in Ukraine: e-mails” (Hunter Biden ayudó a asegurar fondos para el contratista de laboratorios biológicos estadounidenses en Ucrania: correos electrónicos). La fuente del artículo fue la ahora famosa computadora portátil de Hunter Biden (más sobre esto a continuación).

Kash Patel. Crédito: Gage Skidmore

Si había un aspecto militar en los laboratorios biológicos sigue siendo una pregunta abierta. Gran parte de la investigación en biología, física y química tendrá aplicaciones tanto militares como civiles. Es innegable que Estados Unidos tuvo un importante aumento, patrocinio y privatización de la investigación de armas biológicas inmediatamente después del ataque terrorista con ántrax de septiembre de 2001 en el que murieron 5 estadounidenses, que siguió inmediatamente después de los ataques del 11 de septiembre. Los neoconservadores rechazaron vehementemente la idea de que pudiera haber aplicaciones militares, mientras que los rusos —en particular, el teniente general Igor Kirillov, que dirigía las fuerzas de protección radiológica, biológica y química de Rusia— insistieron en que se trataba de laboratorios de armas. Como era de esperar, el Reino Unido acusó a Kirillov de actuar como un "importante portavoz de la desinformación del Kremlin". Kirillov fue asesinado el 17 de diciembre con un bombazo que se atribuyó el gobierno ucraniano.


 

II. La alianza neoconservadora con los terroristas

Las lecciones de Siria

En 1975, cuando comenzaron las audiencias de la Comisión Church, el grupo maligno dentro del establecimiento de seguridad nacional de Estados Unidos, ya había trazado un rumbo de política exterior que emulaba las peores características del imperio británico.

El profesor Bernard Lewis fue un prominente agente de inteligencia y académico británico, que llegó a Estados Unidos en 1974 para ocupar puestos en la Universidad de Princeton y en el Instituto de Estudios Avanzados. Promovió la idea entre los círculos del gobierno de Estados Unidos de que la propagación del fundamentalismo islámico podría debilitar a sus oponentes en la Guerra Fría, al crear una zona de inestabilidad a lo largo de los flancos meridionales de Rusia y China (esto fue una elaboración adicional de lo que los estrategas del Imperio del siglo 19 llamaron el "Gran Juego"). Esta táctica fue apoyada con entusiasmo por el Asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski y otras luminarias del emergente movimiento neoconservador. Los centros de análisis neoconservadores lo etiquetaron como el "Arco de la Crisis" para el consumo público. Los conocedores, sin embargo, todavía lo llamaban el "Plan Bernard Lewis".

La utilización de radicales islámicos como mercenarios la habían utilizado inicialmente los británicos en la década de 1950, que intentaron utilizar a la Hermandad Musulmana contra el Presidente nacionalista de Egipto, Gamal Abdel Nasser. Bajo la tutela de Lewis, Estados Unidos financió, entrenó y armó a los muyahidines en Afganistán durante la década de 1980, utilizándolos para hostigar a las fuerzas armadas rusas que habían ocupado esa nación. Después de que lograron expulsar a los rusos, los muyahidines pronto se transformaron en grupos como al-Qaeda y el Estado Islámico, y comenzaron a cometer actos de terrorismo en Iraq, Yemen, Libia, Siria y otros países. Los servicios de inteligencia anglo-estadounidenses desconocieron su papel en permitir esta transformación, y comenzaron a calificar a sus antiguos "luchadores por la libertad afganos ferozmente independientes" como si se hubieran convertido en una especie de "monstruo de Frankenstein".

Luego utilizaron los ataques del 11 de septiembre como pretexto de tal manera que Estados Unidos y Gran Bretaña comenzaron a atacar sistemáticamente a los gobiernos seculares de países con diversidades confesionales en el sudoeste de Asia para llevar a cabo diversas operaciones de desestabilización y "cambio de régimen", utilizando a grupos islamistas radicales como sustitutos. La nación de Siria resultó ser un desafío para ellos. Siria se resistió a estas tácticas de desestabilización incluso después de que Estados Unidos comenzó, en 2012, a apoyar directamente a elementos islamistas por una suma aproximada de $1.000 millones de dólares al año, en lo que más tarde se expuso como Operation Timber Sycamore (Operación Madera de Sicómoro). Como reseñó la BBC de Londres con aprobación: "Entre los que apoyaron su enfoque, el grupo de Armas para los Rebeldes, se contaba al entonces director de la CIA David Petraeus, la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton y la mayor parte del establecimiento de la política exterior en Washington, tanto demócratas como republicanos".

Pero no fue sino hasta el 8 de diciembre de 2024 que el gobierno de Bashar al-Assad fue finalmente derrocado y reemplazado por un grupo liderado por Ahmed al-Sharaa, alias Abu Mohammed al-Julani, un hombre a quien Estados Unidos había designado previamente como terrorista, y por cuya captura incluso había ofrecido una recompensa de $10 millones de dólares. El reemplazo de un gobierno secular y nacionalista por una banda de "yihadistas ferozmente independientes" debería haber sido una vergüenza humillante para los neoconservadores, pero los complacientes medios estadounidenses lo caracterizaron obedientemente como una "victoria para la democracia".

Tulsi Gabbard desempeñó un papel importante a la hora de llamar la atención sobre esta farsa de cambio de régimen que duró décadas. Como congresista de Hawái en 2016, presentó ante la Cámara de Representantes el proyecto de Ley para Dejar de Armar a los Terroristas. En esa ocasión, dijo: "Según la ley estadounidense, es ilegal que cualquier estadounidense proporcione dinero o asistencia a al-Qaeda, al Estado Islámico u otros grupos terroristas. Si usted o yo diéramos dinero, armas o apoyo a Al Qaeda o al Estado Islámico, nos meterían en la cárcel. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos ha estado violando esta ley durante años, apoyando silenciosamente a los aliados y socios de al-Qaeda, del Estado Islámico, Jabhat Fateh al Sham y otros grupos terroristas con dinero, armas y apoyo de inteligencia, en su lucha para derrocar al gobierno sirio".

Al año siguiente, viajó a Damasco, donde se reunió con el Presidente de Siria, lo que provocó gritos de indignación por parte de la secta neoconservadora. En esa visita conoció de primera mano las operaciones británicas en ese país, que incluyen la organización "Cascos Blancos" vinculada al MI6 y el grupo con sede en Gran Bretaña que se autodenomina “Observatorio Sirio para los Derechos Humanos”.

La organización Cascos Blancos fue fundada por James Le Mesurier OBE (Oficial de la Orden del Imperio Británico), un ex oficial militar británico que más tarde admitió haber malversado los fondos de la organización y aparentemente murió por su propia mano. La organización se identifica a sí misma como una "organización voluntaria de defensa civil" que brinda ayuda a las comunidades en Siria, pero los insurgentes islamistas allí la han caracterizada como aliada y de "soldados ocultos". Los neoconservadores han ensalzado a los Cascos Blancos, e incluso se produjo un documental ganador del Oscar para venderlos al público. Los gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido los han financiado con $70 millones de dólares desde 2014.

Los neoconservadores, que veneran al imperio británico como el modelo que desean emular, están particularmente ansiosos por ocultar el papel británico en Siria. Un incidente en 2013 que fue explotado con fines propagandísticos fue un presunto ataque con armas químicas en Guta, del que rápidamente se culpó al gobierno de Assad. Existe cierto debate sobre si tal ataque realmente tuvo lugar, debido a un informe suprimido por el equipo original de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) que fue a Siria y no encontró ninguna evidencia de un ataque con armas químicas.

El 13 de septiembre de 2023, el periodista de investigación Seymour Hersh publicó una evaluación interna filtrada de la Agencia de Inteligencia de Defensa. La evaluación señalaba que el Frente al-Nusra, una de las numerosas ramificaciones de al-Qaeda que operan en Siria, poseía la capacidad de llevar a cabo el ataque. Esta información se le había ocultado deliberadamente al Presidente Obama, quien pasó a hacer declaraciones públicas de que sólo el gobierno sirio podía ser responsable. Esto se hacía eco de los pronunciamientos de la Organización Conjunta de Inteligencia británica, que había emitido una declaración en el sentido de que "no hay inteligencia creíble u otras pruebas para corroborar las afirmaciones o la posesión de armas químicas por parte de la oposición".

La fuente de noticias Grayzone ha ofrecido pruebas meticulosamente documentadas de que los Cascos Blancos engañaron y manipularon a la OPAQ, con el fin de promover la narrativa propagandística de que el gobierno sirio utilizó armas químicas contra su propio pueblo. Para los británicos y sus socios neoconservadores era importante que se culpara a Assad, porque esperaban utilizar el supuesto ataque como pretexto para persuadir al gobierno de Estados Unidos de lanzar un ataque militar contra Siria, como parte de la gran agenda geopolítica del Plan Bernard Lewis.

En una entrevista con Tucker Carlson, Tulsi Gabbard dijo lo siguiente:

¿Dónde está la evidencia? ¿Dónde están las pruebas que servirían de base para que Estados Unidos lance un ataque militar contra Siria? Esa evidencia nunca se presentó, y ahora está muy claro que a medida que ha pasado el tiempo, que hubo un encubrimiento, ¿y por qué hubo un encubrimiento? Quedó muy claro que este informe de la OPAQ, el informe final, fue hecho a la medida, antes de que finalmente se publicara, con el fin de proporcionar cobertura para ese ataque militar inconstitucional que Estados Unidos lanzó contra Siria en abril de 2018. Y realmente lo que está en juego aquí es la credibilidad de esta organización internacional, la OPAQ, en la que se supone que la gente debe poder confiar para que sea una entidad neutral, para proporcionar hechos objetivos basados en lo que sus investigadores han encontrado en el terreno. Y está muy claro que esto no sucedió en este caso. Y el impacto de esto no es solo la credibilidad de esta investigación sobre este presunto ataque con armas químicas en Duma, en Siria, sino que vulnerará la credibilidad de todos los informes e investigaciones anteriores de la OPAQ, así como de cualquier informe e investigación que realicen en el futuro. Pone en tela de juicio su propia integridad.

La resistencia de Gabbard a esa operación mediática internacional coordinada, demuestra sus calificaciones para su nombramiento para el puesto de DNI, en la medida en que demuestra su capacidad para discernir las "operaciones psicológicas" belicistas de la inteligencia humana real.


 

III. La intromisión en las elecciones y la laptop de Hunter Biden

Ahora sabemos que fue el principillo neoconservador Anthony Blinken quien instruyó al subdirector de la CIA, Mike Morell, para que organizara la ahora famosa "Declaración Pública sobre los correos electrónicos de Hunter Biden", firmada por 51 profesionales de inteligencia, tras el descubrimiento de una computadora portátil propiedad de Hunter Biden con pruebas incriminatorias de corrupción de la familia Biden. Estos individuos, entre ellos el ex Director de Inteligencia Nacional James Clapper y los ex directores de la CIA Michael Hayden, Leon Panetta y John Brennan, proclamaron que la publicación de estas revelaciones "tiene todas las características clásicas de una operación de información rusa". Esta narrativa siguió circulando hasta que el New York Times admitió con pesar en marzo de 2022 que el relato de la computadora portátil era legítimo. Algunos de estos 51 firmantes pueden alegar incompetencia, la mayoría son simplemente mentirosos descarados; sin embargo, ninguno puede alegar inocencia.

Póker de mentirosos: “Doble o nada”

Justo en el momento en que se esperaba, en diciembre de 2024 salió una carta similar, firmada por "casi 100 ex funcionarios de inteligencia y seguridad nacional", en la que se oponen a la confirmación de Tulsi Gabbard. Una de las razones que alegan para su oposición es que se dice que ella ha "puesto en duda públicamente los informes de inteligencia de Estados Unidos y la abrumadora información pública de que Assad llevó a cabo ataques con armas químicas contra civiles sirios, dando credibilidad a la conspiración desacreditada de que el ataque fue organizado por agentes del Reino Unido". Es interesante notar aquí que se considera intolerable poner en duda la "abrumadora información pública" de las mismas cortesanas de la prensa que nos dijeron que había armas de destrucción masiva en Iraq. También cabe destacar que la mayoría de los que firmaron esta carta son embajadores retirados u otros funcionarios del Departamento de Estado, lo que sugiere que el secretario de Estado Blinken puede estar retomando su papel de organizador de la "travesura de las cartas de la computadora portátil”.

En respuesta, una portavoz de Gabbard dijo: "Estos ataques infundados son de los mismos genios que tienen las manos manchadas de sangre por décadas de 'inteligencia' defectuosa, como la de las inexistentes armas de destrucción masiva. Estos funcionarios de inteligencia siguen utilizando la clasificación como un arma partidista para difamar e insinuar cosas sobre su enemigo político sin exponer los hechos".

La perspectiva británica

Si uno quiere saber por qué la casta dominante británica —miembros de cuyas agencias de inteligencia, como el "ex" agente de inteligencia británico Christopher Steele, y su controlador, el ex jefe de la inteligencia británica (1999-2004) sir Richard Dearlove, desempeñaron un papel tan central en el Rusiagate— estaría ahora tan involucrada, como potencia extranjera, en el intento de bloquear los nombramientos de Patel y Gabbard, a menudo es útil acudir al órgano no oficial de las instituciones británicas, The EconomistThe Economist ha publicado dos artículos importantes sobre Tulsi Gabbard en los últimos dos meses, señalando su preocupación por la amenaza que representa para el tipo de "relación especial" que se caracteriza por el intercambio de datos de vigilancia orwellianos entre la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) y el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno del Reino Unido (GCHQ) (más sobre esto a continuación). Su artículo del 24 de noviembre tiene un tono frívolo y sarcástico, con el título "Donald Trump y Tulsi Gabbard vienen por los espías" y el subtítulo "El espía que me purgó". Pero su ansiedad implícita se manifiesta en advertencias tan siniestras como: "Dentro del pacto de inteligencia de los Cinco Ojos, formado por Estados Unidos, Australia, Gran Bretaña, Canadá y Nueva Zelanda, la recopilación de señales de inteligencia está tan estrechamente integrada que sería imposible desentrañarla sin causar una interrupción masiva en el propio Estados Unidos”.

El artículo del 13 de diciembre califica a Gabbard como una "apóstata demócrata y apologista de Vladimir Putin", y cita con aprobación al siempre falsario senador Adam Schiff, quien advierte que, si los aliados estadounidenses "no confían en el jefe de nuestras agencias de inteligencia, dejarán de compartir información con nosotros". Junto con el comentario de mal gusto sobre la apariencia personal que se reserva, siempre para las personalidades políticas femeninas, The Economist no puede contener su indignación por sus críticas a las "guerras de cambio de régimen" y a los "halcones de la guerra neoconservadores".

“En pocas palabras, no hay duda de que Saddam Hussein ahora tiene armas de destrucción masiva”. Dick Cheney

El Daily Telegraph publicó un artículo más abiertamente histérico con el título: "Personalidades de la defensa británica 'alarmadas' por la elección de Trump de la 'pro Moscú' Tulsi Gabbard". Les preocupan "las posibles reducciones en el intercambio de inteligencia en toda la alianza de los Cinco Ojos". El artículo cita al ex jefe del MI6 sir Richard Dearlove, quien se quejó de que Gabbard "no tiene experiencia en inteligencia y seguridad". No se menciona que Dearlove estuvo involucrado en la certificación de la historia falsa de que Iraq poseía armas de destrucción masiva, utilizadas por el gobierno de Bush para lanzar la guerra contra Iraq en 2003; ni el cuento del Rusiagate, que incluyó la "confirmación" británica de que Putin estuvo involucrado en amañar las elecciones de 2016, respaldada por el expediente falso producido por el ex agente del MI6 Christopher Steele, y avalado por Dearlove. Sacaron a relucir fuentes anónimas del gobierno británico para decir que, si Gabbard adoptara la posición de que Estados Unidos seguiría siendo el "aliado más cercano" del Reino Unido, no habría problemas con la relación entre las dos naciones.

El senador Ron Wyden le preguntó al entonces Director de Inteligencia Nacional, James Clapper, si la Agencia de Seguridad Nacional “recopilaba algún tipo de información sobre millones o cientos de millones de estadounidenses”, a lo que Clapper respondió, “No, señor”, y agregó, “no a sabiendas”; una respuesta que después admitió que era “claramente errónea”.

En un artículo separado titulado "¿Quién es Kash Patel?", el Telegraph presenta a Patel (un abogado y ex fiscal federal en el Departamento de Justicia de EU que se desempeñó como asesor jurídico sobre contraterrorismo para la Comisión Selecta de Inteligencia de la Cámara de Representantes en 2017, así como director principal de la Dirección de Contraterrorismo en el Consejo de Seguridad Nacional de EU y jefe de gabinete del secretario de defensa interino de EU Christopher C. Miller, ) como "autor de libros infantiles".


 

IV. Corrupción en el Departamento de Justicia

La verdad sobre la "utilización del sistema de justicia como arma política"

En varias ocasiones, en las últimas décadas, tanto republicanos como demócratas han acusado a sus oponentes de intentar utilizar el control sobre el Departamento de Justicia y las agencias policiacas para su provecho político. Pero una de las cosas que aprendimos de la Comisión del Senador Frank Church en 1975, es que este problema comenzó mucho antes, e incluyó operaciones como COINTELPRO, un programa del FBI iniciado a mediados de la década de 1950 que involucró la vigilancia ilegal, la infiltración y la perturbación de una amplia variedad de organizaciones y movimientos políticos que se consideraban indeseables. Al igual que con otras actividades encubiertas (e ilegales) que se expusieron en las audiencias de la Comisión Church, el FBI emitió un mea culpa y aseguró al público que COINTELPRO había sido descontinuado. Sin embargo, los hechos demuestran que no fue así.

El abuso más espectacular y meticulosamente documentado del poder del Departamento de Justicia y el FBI fue la campaña de décadas contra el movimiento del economista y estadista Lyndon LaRouche. Sobre esa campaña corrupta, el ex fiscal general Ramsey Clark escribió: "Creo que implica la más amplia gama de mala conducta deliberada y sistemática y abuso de poder durante un período de tiempo más largo en un esfuerzo por destruir un movimiento político y un líder, que cualquier otro procesamiento federal en mi tiempo o que yo sepa". Se trataba de historias difamatorias plantadas en los medios noticiosos, intentos de infiltración, enjuiciamientos espurios, el encarcelamiento de líderes del movimiento, la supresión de publicaciones y otras formas más encubiertas de acoso, todo lo cual tuvo lugar después de que el FBI afirmara que había descontinuado COINTELPRO.

Estas actividades persisten hoy en día; por ejemplo, la teniente coronel Tulsi Gabbard, que tiene una autorización de alta seguridad, fue incluida el año pasado en una lista de vigilancia de la Administración de Seguridad en el Transporte llamada "Cielos Tranquilos". Esto ocasiona la imposición de mayores controles de seguridad antes de los vuelos, una forma de acoso particularmente grosera e insultante.

Kash Patel ha declarado que tendrá una actitud de "no andar con rodeos" cuando sea confirmado para dirigir el FBI. En su libro, Government Gangsters (Hampones del gobierno) escribe lo siguiente:

Uno de los brazos más astutos y poderosos del Estado Profundo es el Buró Federal de Investigaciones (FBI), la principal agencia de investigación dentro del poder ejecutivo, que opera bajo la autoridad del Departamento de Justicia. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) puede tener un mayor aire de misterio a su alrededor (y ciertamente es el tema de muchos más thrillers de espías), pero en muchos sentidos un FBI híper politizado es una amenaza mucho mayor para la libertad y el autogobierno estadounidense. Esto se debe a que, si bien la CIA tiene el poder y la autoridad para recopilar inteligencia y operar de manera clandestina en el extranjero, el FBI se enfoca dentro de los Estados Unidos. Contamos con salvaguardas legales y procesales para impedir abusos, pero como la nación ha aprendido, esas salvaguardas están lejos de ser suficientes. El FBI es ahora el principal funcionario del Estado Profundo. El liderazgo politizado en la cúpula lo ha convertido en una herramienta de vigilancia y represión de los ciudadanos estadounidenses.

La debacle de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera

En los últimos años, un ámbito particular de maniobra política dentro del sistema judicial ha sido la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés) y el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISC, por sus siglas en inglés).

Irónicamente, la FISA y el FISC fueron creados durante el gobierno de Carter como respuesta a la COINTELPRO y a los abusos relacionados descubiertos por la Comisión Church. Se suponía que debían limitar las "vigilancias electrónicas no penales dentro de Estados Unidos" a las que se realizaban "con el propósito de recopilar inteligencia extranjera y/o contrainteligencia extranjera", y establecieron un sistema de tribunales para revisar y controlar las solicitudes de órdenes de registro de las agencias federales.

Sin embargo, dejaron un enorme vacío legal para hacer posible espiar a alguien que no podría estar plausiblemente conectado con nefastos intereses extranjeros, al permitir algo llamado "obtención", que no está definida en el estatuto. Para llenar este vacío, la NSA lo ha definido como "la intercepción de una comunicación a través de medios electrónicos por parte de la Agencia de Seguridad Nacional". Por lo tanto, la información obtenida por el GCHQ de Gran Bretaña, o por una de las otras partes de la relación RU-EUA, y luego pasada a las agencias estadounidenses, no está cubierta por la ley. Estados Unidos y el Reino Unido pueden simplemente espiar a los ciudadanos del otro e intercambiar los datos.

Utilizando una racionalización de "seguridad nacional", los procedimientos de los tribunales del FISC se mantienen en secreto. Las solicitudes de órdenes de allanamiento casi nunca son denegadas. El sistema es esencialmente ineficaz y no ha estado a la altura de las expectativas de la Comisión ChurchTulsi Gabbard dijo: "El tribunal [FISA] ha resultado ser una aprobación automática confiable para las solicitudes del gobierno".

Durante el apogeo del Rusiagate, el tribunal emitió órdenes de arresto sobre premisas falsas para la vigilancia del FBI contra la campaña de Trump, denominada Operación Crossfire Hurricane (aún más ridícula por haber tomado su nombre clave de la letra de una canción de los Rolling Stones). Luego, después de haber sido atrapado con las manos en la masa, el tribunal nombró al ex fiscal general adjunto para Seguridad Nacional David Kris, un ruidoso partidario del Rusiagate, como asesor en la reforma de sus procesos de autorizaciones, lo que llevó al representante Devin Núñez a decir: "Es una elección ridícula. El FBI mintió al FISC, y para ayudar a asegurarse de que eso no volviera a suceder, el FISC eligió a un apologista del FBI que negó y defendió esas mentiras. El FISC está incendiando su propia credibilidad".


 

V. La guerra contra los denunciantes

El gobierno de G.W. Bush, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, simplemente pasó por alto a los tribunales del FISC por completo, y estableció el programa secreto de vigilancia Stellarwind, una parte del cual involucró la recopilación exhaustiva de los registros de llamadas telefónicas de los estadounidenses. El Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de EU determinó más tarde que el programa pudo haber violado la FISA.

El ex oficial de inteligencia William Binney y dos colegas, Kirk Wiebe y Ed Loomis, tomaron la decisión de renunciar a la NSA y hacerse denunciantes cuando descubrieron que la agencia de espionaje había comenzado a utilizar el software "Thin Thread" que Binney había creado, para recoger información sobre estadounidenses sin una orden judicial. Ellos intentaron ser denunciantes protegidos, de acuerdo con el procedimiento establecido pero más se enfrentaron a las represalias de la NSA y el Departamento de Justicia; Binney salió de su ducha una mañana y se encontró cara a cara con un agente del FBI que lo encañonaba, parte de un equipo de 12 personas que fueron enviadas a registrar su casa y confiscar su computadora y documentos. Un tratamiento similar ocurrió con otros. Tal maltrato a manos del gobierno federal, junto con las mentiras contadas al pueblo estadounidense por funcionarios de alto rango como James Clapper, influyeron en la decisión de Edward Snowden de no "trabajar dentro del sistema".

En 2013, mientras trabajaba como contratista del gobierno, Snowden filtró información altamente clasificada de la NSA. Sus revelaciones mostraron numerosos programas de vigilancia global dirigidos por la NSA, el GCHQ y la alianza de inteligencia "Cinco Ojos" dominada por los británicos, con la cooperación de empresas de telecomunicaciones. Temiendo las represalias a las que se habían enfrentado los denunciantes anteriores (el gobierno de Obama estaba procesando a los denunciantes a un ritmo sin precedentes en la historia), tomó medidas elaboradas para su seguridad personal, abandonó Estados Unidos antes de revelar su material filtrado y eligió cuidadosamente a los destinatarios. Sin embargo, en lugar de hacer sus revelaciones de forma anónima, las hizo públicamente con su nombre real. "No tengo intención de ocultar quién soy porque sé que no he hecho nada malo", escribió. Snowden tomó medidas evasivas para evitar ser "secuestrado" y finalmente aceptó el asilo del gobierno de Rusia. El gobierno de Estados Unidos lo acusó de espionaje.

Julian Assange, el periodista australiano que fundó Wikileaks en 2006, creó un mecanismo con el que los denunciantes podían filtrar de forma anónima material que exponía graves violaciones de los derechos humanos y las libertades civiles por parte de varios gobiernos. Después de verificar su autenticidad, Wikileaks publicaba los cachés de documentos.

El 5 de abril de 2010, Wikileaks publicó 39 minutos de imágenes clasificadas de armas de fuego que WikiLeaks tituló "Asesinato colateral". Mostraba a la tripulación del helicóptero de combate estadounidense en Iraq disparando contra un grupo de personas y matando a varias de ellas, incluidos dos periodistas de Reuters, y luego riéndose de algunas de las víctimas, todas ellas civiles. No hace falta decir que esto no hizo que Assange se ganara el cariño de los neoconservadores, quienes, como de costumbre, estaban ansiosos por promover su última guerra preferida como una noble cruzada altruista por la democracia y los derechos humanos.

La facción neoconservadora comenzó a buscar alguna forma de tomar represalias, lo que llevó a una serie de elaboradas maniobras judiciales que involucraron a los gobiernos de Suecia, el Reino Unido y de Estados Unidos. En 2012, Assange se asiló en la embajada ecuatoriana en Londres, donde vivió durante siete años hasta que se le retiró el asilo. Luego, Assange fue encarcelado en la prisión de alta seguridad británica de Belmarsh durante otros cinco años antes de ser finalmente liberado. Fue acusado en Estados Unidos de "conspiración para cometer intrusión informática" y más tarde de violar la Ley de Espionaje de 1917, pero nunca fue juzgado.

Los casos de Edward Snowden y Julian Assange se convirtieron en un tema altamente polarizador, que llevó a los neoconservadores a enfrentarse a los defensores de las libertades civiles. Los neoconservadores alegaban que, en interés de la seguridad nacional, los agentes de las agencias secretas deben tener una licencia implícita para llevar a cabo actividades altamente ilegales sin escrutinio. Snowden y Assange les habían causado una gran vergüenza al revelar las sórdidas profundidades de la criminalidad en la que estaban involucrados, como la vigilancia ilegal (incluso de jefes de Estado extranjeros como la canciller alemana Angela Merkel), crímenes de guerra, injerencia en la política electoral de Estados Unidos, e incluso el fomento de organizaciones terroristas. Los neoconservadores exigieron represalias extremas para disuadir cualquier denuncia en el futuro; Mike Pompeo, en el momento en que dirigía la CIA, instruyó a la agencia para desarrollar planes para secuestrar y asesinar a Assange.

Mike Pompeo dijo de su tiempo en la comunidad de inteligencia: “Fui director de la CIA. Mentimos, engañamos, robamos: Era como si tuviéramos cursos enteros de formación. Te recuerda la Gloria del experimento estadounidense”.

Mientras tanto, una amplia gama de organizaciones de derechos humanos y periodistas de todo el mundo han pedido la exoneración de Snowden y Assange, al igual que Tulsi Gabbard. En una entrevista de 2019 con Jake Tapper de CNN, Gabbard dijo lo siguiente sobre Assange:

Creo que lo que está sucediendo aquí es, desafortunadamente, una forma de represalia proveniente del gobierno, que dice: "Oye, esto es lo que sucede cuando divulgas información que no queremos que divulgues". Y creo que es por eso que esta es una pendiente tan peligrosa y resbaladiza, no solo para los periodistas, no solo para los medios informativos, sino también para todos los estadounidenses, que nuestro gobierno puede y tiene el poder de soltar el martillo para decir: "Ten cuidado, quédate callado y alíneate, de lo contrario tenemos los medios para perseguirte".

El 30 de septiembre de 2020, Gabbard, junto con el representante Matt Gaetz, presentó la Resolución 1162 de la Cámara, que reproducimos aquí:

RESOLUCIÓN

Expresando el sentimiento de la Cámara de Representantes de que el Gobierno Federal debe retirar todos los cargos contra Edward Snowden.

Considerando que, durante una audiencia en el Senado el 12 de marzo de 2013, James Clapper, entonces Director de Inteligencia Nacional, fue interrogado por el senador Ron Wyden, y se le preguntó si la Agencia de Seguridad Nacional "recopiló algún tipo de datos sobre millones, o cientos de millones de estadounidenses", a lo que Clapper respondió "No, señor", y agregó "no a propósito", una respuesta que más tarde admitió que era "claramente errónea";

Considerando que, en junio de 2013, Edward Snowden reveló a un grupo selecto de periodistas documentos de la Agencia de Seguridad Nacional que exponían que la comunidad de inteligencia estaba llevando a cabo una recopilación masiva de registros telefónicos de estadounidenses de los proveedores de telecomunicaciones;

Considerando que, el 21 de junio de 2013, el Departamento de Justicia presentó cargos contra Edward Snowden por violar las secciones 793(d) y 798(a)(3) de la Ley de Espionaje y robo de propiedad gubernamental bajo la sección 641 del título 18 del Código de los Estados Unidos;

Considerando que, el 23 de enero de 2014, el informe de la Junta de Supervisión de la Privacidad y las Libertades Civiles sobre el programa de registros telefónicos de la Agencia de Seguridad Nacional no encontró "ningún caso en el que el programa haya contribuido directamente al descubrimiento de un complot terrorista previamente desconocido o a la interrupción de un ataque terrorista" y que el programa amenazó y violó significativamente los derechos constitucionales del pueblo estadounidense;

Considerando que, el 7 de mayo de 2015, el Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito de los Estados Unidos dictaminó que la sección 215 de la Ley Patriota no autorizaba la recopilación masiva de registros telefónicos y, por lo tanto, dicha recopilación era ilegal;

Considerando que, el 2 de septiembre de 2020, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos dictaminó que el programa de recopilación masiva de registros telefónicos de la Agencia de Seguridad Nacional era ilegal y posiblemente inconstitucional en virtud de la Cuarta Enmienda;

Considerando que el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos determinó que el programa de recopilación masiva de registros telefónicos no desempeñó un papel fundamental en ninguna investigación de terrorismo;

Considerando que los involucrados en la recopilación de los registros telefónicos de los estadounidenses aún no han sido responsabilizados por sus acciones ilegales, lo que aumenta aún más el peligro de que el gobierno continúe extralimitándose y abusando de las libertades civiles; y

Considerando que el Gobierno de Estados Unidos debe proteger a los denunciantes que exponen actos ilegales e inconstitucionales de abuso dentro de nuestro gobierno:

Ahora, por lo tanto,

Resuelve, Que es el sentido de la Cámara de Representantes que:

(1) el programa de recopilación masiva de registros telefónicos de la Agencia de Seguridad Nacional era ilegal e inconstitucional;

(2) La divulgación de este programa por parte de Edward Snowden a los periodistas fue de interés público; y

(3) el gobierno federal debe retirar todos los cargos contra Edward Snowden.

Los senadores que votarán sobre la confirmación de los nombramientos del Presidente Trump deberían preguntarse qué es más perjudicial para la seguridad nacional de Estados Unidos: ¿la exposición de actividades criminales o las actividades criminales en sí? La estridencia y ferocidad de los ataques a Gabbard y Patel, provenientes de quienes tienen algo que ocultar, deberían decirnos que hay mucha más suciedad que aún no ha visto la luz del día. Hablando tanto de Snowden como de Assange, Tulsi Gabbard pidió al presidente Trump en 2020 que "por favor considere indultar a aquellos que, con un gran sacrificio personal, expusieron el engaño y la criminalidad de los del estado profundo".


 

VI. Conclusión: ¿Existe un "Estado profundo"?

Como era de esperar, la noción de un aparato de "Estado Profundo" ha sido ridiculizada como una "teoría de la conspiración" por los partidarios del Estado Profundo. De hecho, el sentido común dicta que en una institución enorme como el gobierno de Estados Unidos, cuyos administradores esenciales son frecuentemente reemplazados en las elecciones, debe haber lo que a los británicos les gusta llamar "continuidad del gobierno": un equipo permanente de burócratas que ofrezcan su experiencia a cada administración recién elegida, mientras conservan sus propios prejuicios ideológicos, sus propias agendas inmutables, y sus lealtades a largo plazo a personas e instituciones, tanto dentro como fuera del gobierno per se (como el infame Complejo Militar-Industrial). Estas personas son los verdaderos gerentes del día a día del gobierno, y se necesita un líder excepcionalmente duro para obligarlos a cambiar de rumbo.

El alboroto por los nombramientos de Gabbard y Patel sugiere que estas personas, y el gobierno al que esperan representar, pueden tener la oportunidad, los medios y la motivación para finalmente limpiar la corrupción dolorosamente obvia y de larga data en las agencias gubernamentales que dirigirán. Es urgente que se les confirme.

Una vez que eso suceda, el pueblo de Estados Unidos debe exigir y asegurar la formación inmediata de una nueva "Comisión Church", una comisión del Congreso para investigar las operaciones no autorizadas, mentirosas y criminales de las agencias de inteligencia de la nación, 50 años después de que el senador Frank Church procuró valientemente hacerlo. Debemos desenmascarar al Buró de los Mentirosos y enjuiciar a sus miembros con todo el peso de la ley. Tenemos que luchar para sacar a la luz todos los crímenes cometidos contra la Presidencia de Estados Unidos, y la república de Estados Unidos, por sus enemigos, extranjeros y nacionales, en especial los que operan bajo el disfraz de la "relación especial" británico-estadounidense. Esta es una condición esencial para que Estados Unidos recupere su papel que alguna vez fue honorable y confiable en la comunidad mundial, y la confianza del pueblo estadounidense en la "justicia igualitaria ante la ley" para todos sus ciudadanos.


 

La lista de Kash Patel de agentes del “Estado Profundo”

Esta lista está tomada del libro de Patel, Government Gangsters (Hampones del gobierno). El libro se centra en el asunto del "Rusiagate" y, como pueden atestiguar los investigadores de EIR, el "Rusiagate" no fue el primer rodeo del Estado Profundo. La lista de Patel, en nuestra opinión, incluye una serie de personalidades relativamente menores, y omite una serie de las principales. No obstante, no es un mal lugar para empezar.


Esta lista solo incluye a funcionarios y ex funcionarios del Poder Ejecutivo y no es exhaustiva. No incluye, por ejemplo, a otros actores corruptos de primer orden como los congresistas Adam Schiff y Eric Swalwell, los miembros de Fusion GPS o Perkins Coie, Christopher Steele, Paul Ryan, todo el cuerpo de prensa de la mafia de las noticias falsas, etc. Enseguida reproducimos la lista en orden alfabético por apellido:

  • Atkinson, Michael; ex inspector general de la Comunidad de Inteligencia
  • Austin, Lloyd; Secretario de Defensa del Presidente Biden
  • Auten, Brian; Analista de Inteligencia Supervisor dentro del FBI
  • Baker, James; ex Consejero Jurídico del FBI, actualmente miembro del Instituto Brookings, ex consejero jurídico adjunto de Twitter
  • Barr, Bill; ex Fiscal General del Presidente Trump
  • Bolton, John; ex Asesor de Seguridad Nacional en la primera presidencia de Trump
  • Boyd, Stephen; ex jefe de Asuntos Legislativos del Departamento de Justicia bajo el Fiscal General Adjunto Rosenstein
  • Biden, Joe; ex Presidente de Estados Unidos
  • Brennan, John; ex director de la CIA durante la presidencia de Obama, actualmente analista de seguridad nacional e inteligencia en NBC y MSNBC
  • Carlin, John; Fiscal General Adjunto Interino, ex jefe de la División de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia durante la investigación del FBI sobre el “Rusiagate
  • Ciaramella, Eric; ex miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional durante los gobiernos de de Obama y Trump
  • Cipollone, Pat; ex Consejero Jurídico de la Casa Blanca durante la presidencia de Trump
  • Clapper, James; ex Director de Inteligencia Nacional durante la presidencia de Obama, actualmente analista de seguridad nacional en CNN
  • Clinton, Hillary; ex candidata del Partido Demócrata a la presidencia y ex secretaria de Estado durante la presidencia de Obama
  • Comey, James; ex director del FBI
  • Dibble, Elizabeth; ex Representante Alterna de Misión de la Embajada de los Estados Unidos en Londres
  • Esper, Mark; ex secretario de Defensa durante la presidencia de Trump
  • Farah, Alyssa; ex directora de Comunicaciones Estratégicas durante la presidencia de Trump
  • Farkas, Evelyn; ex funcionaria del Departamento de Defensa durante la presidencia de Obama
  • Flores, Sarah Isgur; ex jefa de comunicaciones del Departamento de Justicia para el Fiscal General Sessions
  • Garland, Merrick; Fiscal General bajo el presidente Biden
  • Grisham, Stephanie; ex secretaria de prensa del presidente Trump y jefa de gabinete de Melania Trump
  • Harris, Kamala; ex vicepresidente de Estados Unidos
  • Haspel, Gina; ex directora de la CIA durante la presidencia de Trump y actual asesora del bufete de abogados King & Spalding
  • Hill, Fiona; ex miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional que trabajó con Vindman y Ciaramella
  • Heide, Curtis; agente del FBI
  • Holder, Eric; ex Fiscal General del Presidente Obama y actual Consejero Principal de Covington Law RM
  • Hur, Robert; Fiscal Especial para investigar a Biden y ex PADAG bajo Rosenstein
  • Hutchinson, Cassidy; asistente de Mark Meadows
  • Jankowicz, Nina; ex directora ejecutiva de la Junta de Gobernanza de la Desinformación en el gobierno de Biden
  • Lerner, Lois; ex directora de la agencia fiscal de EU (IRS, por sus siglas en inglés) durante la presidencia de Obama
  • Lynch, Loretta; ex Fiscal general durante la presidencia de Obama
  • Kupperman, Charles; ex asesor adjunto de Seguridad Nacional en la primera presidencia de Trump
  • Mackenzie, Kenneth; general retirado del Cuerpo de Infantería de Marina de E U, ex comandante del Comando Central de Estados Unidos
  • McCabe, Andrew; ex subdirector del FBI durante la primera presidencia de Trump
  • McCarthy, Ryan; ex secretario del Ejército en la primera presidencia de Trump
  • McCord, Mary—Ex Fiscal General Adjunta Interina para la Seguridad Nacional en el Departamento de Justicia, actualmente directora ejecutiva del Instituto de Derecho de Georgetown para la Defensa y Protección Constitucional
  • McDonough, Denis; ex jefe de gabinete del Presidente Obama, actualmente secretario de Asuntos de Veteranos
  • Milley, Mark; ex Jefe del Estado Mayor Conjunto
  • Monaco, Lisa; Fiscal General Adjunta de Estados Unidos
  • Moyer, Sally; ex abogada supervisora del FBI, actualmente asesora jurídica de Cloudflare
  • Mueller, Robert; ex director del FBI y ex fiscal especial
  • Ohr, Bruce; ex Fiscal General Adjunto Asociado
  • Ohr, Nellie; ex empleada de la CIA y contratista independiente de Fusion GPS
  • Page, Lisa; ex consejera jurídica del subdirector del FBI Andrew McCabe, actualmente analista jurídica y de seguridad nacional en NBC y MSNBC
  • Philbin, Pat; ex asesor jurídico adjunto de la Casa Blanca en la primera presidencia de Trump
  • Podesta, John; ex asesor jurídico del Presidente Obama
  • Power, Samantha, ex embajadora ante las Naciones Unidas en la presidencia de Obama, ex administradora de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés)
  • Priestap, Bill; ex subdirector de la División de Contrainteligencia del FBI
  • Rice, Susan; ex Asesora de Seguridad Nacional en la presidencia de Obama, ex directora del Consejo de Política Nacional en la presidencia de Biden
  • Rosenstein, Rod: ex Fiscal General Adjunto en la primera presidencia de Trump, actualmente socio del bufete de abogados King & Spalding
  • Strzok, Peter, ex subdirector adjunto de la División de Contrainteligencia del FBI
  • Sullivan, Jake; Asesor de Seguridad Nacional en la presidencia de Biden
  • Sussmann, Michael; ex representante jurídico del Comité Nacional Demócrata, ex socio del bufete Perkins Coie
  • Taylor, Miles; ex funcionario del Departamento de Seguridad Nacional en la primera presidencia de Trump, alias “Anonymous”
  • Thibault, Timothy; ex agente especial adjunto de la oficina de campo del FBI en Washington
  • Weissman, Andrew; ex adjunto fiscal especial Mueller
  • Vindman, Alexander; ex director de Asuntos Europeos en el Consejo de Seguridad Nacional en la primera presidencia de Trump
  • Wray, Christopher; ex director del FBI en la primera presidencia de Trump y del presidente Biden, ex socio del bufete King & Spalding
  • Yates, Sally; ex Fiscal General adjunta en la presidencia de Obama y brevemente Fiscal General en funciones en la primera presidencia de Trump.

Para más información, escríbenos a [email protected]


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